Wednesday, July 21, 2010

En el camino - Puerto Madryn II




I
No soy yo el eco recortado de mi nombre
escrito en la misma pared en que explican las mareas
el océano, la fuerza lunar sobre la masa de agua.
No soy yo donde se hunden los restos del naufragio.

II
Saben, en la habitación donde sueña mi infancia
que los amos del amor no duermen aunque uno ya se haya ido lejos
aunque uno haya dinamitado la mitad de la casa,
para prender fuego la parte restante.

III
Nadie conoce lo que ama
ni el mar, ni el deseo del mar
en llamas. Nadie, nada, nunca
en el mar, ni en el deseo del mar
en llamas.

Sunday, July 18, 2010

En el camino - Puerto Madryn




El niño lee el Fondo del mar sólo
con la luz del cuerpo apagada
en la estepa nocturna de la madrugada.
Juega con las palabras, el océano
toda el agua entre los dedos,
viaja al futuro feliz, con una escafandra dorada
y todo el aire del mundo encapsulado.

El niño lee en el cuarto de la infancia
sólo es un buzo explorador en el lenguaje,
ese nido de monstruos que le enseñan
que la vida es un viaje, descubrir,
nadar en un mundo desconocido.

El niño ya no anuda, zurce
con las palabras que trae el mar
otra manera de decir yo.

Tuesday, July 13, 2010

En el camino - Rosario II




I
En Rosario construyeron una rambla para caminar sobre el agua
Y desde ahí, cuando pasan los barcos de paseo, se puede ver
Y saludar a los turistas, embarcados en un viaje a ninguna parte.

II
La rambla es una rampa con curvas que va siguiendo el contorno del rio,
aunque en el verano el agua subió 6 metros, no logró tapar el camino.
Los hombres sabios saben cómo calcular su obra para escapar de la naturaleza.

III
Los días de sol, aunque sea invierno, los barcos se llenan de gente
la mayoría se ponen camperas de colores, se cubren las caras
y sacan fotos del agua, los árboles con las copas hundidas en el rio,
los hombres que los miran, niños que corren en la orilla. En ese paisaje
se esconde el terror de descubrir que la memoria estará llena de lugares
donde nunca estuvieron, donde jamás van a volver a estar.

IV
El frio eriza el aire, o algo muy raro, que hace qué, como no pasa lejos del agua
se huela la mugre de los turistas que viajan en cubierta, el pez que muere
brillando sobre el hormigón armado, y el perfume a flores blancas y vino tinto
en los labios de una dama. Si se toman esos labios con la mano, el frio desaparece.

Wednesday, July 07, 2010

En el camino - Rosario




Camino a Rosario, dos torres Eiffel en los techos de Pergamino
allí donde siempre hay enormes tanques de agua dulce,
una señal más, de que ningún lugar está a salvo
de lo que pasa en el resto del mundo, o qué
hay una reserva de la obra del hombre, lista para sobrevivir
al fin del mundo, en el lugar menos pensado. Sin embargo
después de 9 horas en dos colectivos semi cama
en Rosario la torre se repite, en el frente de una gran tienda
donde señoras paquetas venidas a menos compran
las telas para vestirse de noche con luces, zurcidas con el amor
intacto. El recuerdo de todas las torres Eiffel vuelve
hasta la canchita donde aprendí a hablar como soñaba
con los restos óseos de mi lenguaje, la infancia.
Era una cancha sintética, llena de frío y de extraños
donde jugaba de 3 los sábados a la mañana. Para ir
me bajaba donde Marlon encontraba su último tango,
en Paris. El futbol, el rio, la torre y a la vera de la torre
nadaba los 90 minutos, entre los fantasmas del rio
el amante, ese hombre que ya no soy yo, intacto.
Pero no son las torres las que te dejan ver lejos,
son los hombres que las construyen y esperan
agazapados como la infancia en la memoria
para llevarte de la mano donde siempre estás solo
esa canchita artificial, donde todos hablan otro idioma.

Wednesday, June 30, 2010

En el camino - Capilla del señor




I
El señor que sabe lo que pasa en el tiempo
abre un mapa con las manos, en el aire, y la evaporación del alcohol pasa a ser un número
La cifra que el abuelo Juan no sabía estar bebiendo en las noches de la pampa.

Es que en la tierra donde crecen los granos los hombres no saben exactamente lo que pasa
no cuando se hace de noche y los camiones llenan los trailers con todo el oro del día.

II
En la capilla el niño duerme
ángel, precioso, dulce compañía
reza María mientras el abuelo Juan
duerme su cuerpo dándole besitos
Al old scocth whisky que guarda en el placard.

III
A la mañana el amor es la forma en que el abuelo Juan recibe la taza de café
con las dos manos
un beso en la frente de María, la alegría de las botas de cuero limpias
los chicos lejos, educándose como dios manda
los animales salvajes, las tranqueras cerradas, que la tierra en que viva tenga nombre
el señor que le deja en el escritorio
dinero, y separa una parte para el juicio final en la vida del abuelo Juan.

IV
A la mañana el abuelo Juan ara el campo, dice yo con sus manos,
mientras encuentra en el cielo la lluvia que hará feliz al señor
donde quiera que este esté.

VI
A la noche, sombras emplumadas, un frio eléctrico sacude los barriles
y la madera hace nacer el old scocth whisky del abuelo Juan.
A la mañana, medio siglo después seré yo el que vea en un mapa abierto en el aire
la historia de esa noche, el tiempo en piezas de madera engarzadas a mano
La ubicación de la sala de la que le enviaban amor a la pampa

Esos besos en la noche para dormir
solo para dormir como un héroe de su tierra.

Saturday, June 26, 2010

En el camino - Mar del Plata




I
Los hinchas de Aldosivi aprovechan la marea baja
para declarar su amor en un muro

se mojan los pies, cabalgan la espuma y el yodo en el mismo momento en que recuerdan la cursiva
olvidada ya en los recreos del primario.

II
Quien escribe amor como un niño sabe lo que hace.

III
Arena, agua, sal, el mar
lamiendo la obra de los hombres
con el amor de los que saben que todo eso tarde o temprano será destruido.

Tuesday, June 22, 2010

En el camino - Pergamino




En Pergamino hay un hotel donde las camas son rojas,
hay buena presión de agua y a la noche, si dormís boca arriba
las ninfas te besan el pecho. A veces la boca y siempre
vuelven a su patria, la televisión digital.

Hay un limonero que florece las cuatro estaciones
con los limones más amarillos y jugosos del mundo.

En Pergamino las cosas más bellas
crecen a la noche en o en el patio trasero
de la playa de estacionamiento de un hotel 3 estrellas.

Saturday, June 19, 2010

En el camino - Venado tuerto




I
La cama del coche no alcanza a dormir al monstruo
Incandescenete como uno de esos peces del fondo más hondo del mar
Cuando brilla revela, cuando se apaga asusta.

II
La ruta acuna a mis dueños nocturnos
les zurce su poder a mi infancia, el campito en que juegan a su antojo.

III
Al final del camino un taxista me cruza
la noche con la radio encendida
en algún lugar un gendarme le explotó la cabeza a un niño,
para su desgracia.
Él pide que hagan eso con los delincuentes y los tiren a un pozo.

IV
En la otra punta de la noche está Venado Tuerto
La mujer que festejaba la carne exportada
Y exigía para ella la mejor a un precio miserable.
La noche vio dormir a ella e hizo de mí un viajero
Un rehén, un señalado.

Al final del viaje
el hombre que sabe cómo debe morir la gente
Me lleva dormido a mi cama.

En el camino quedaron sus aliados
Jugando a los arqueólogos con los restos óseos de mi cabeza prendida fuego.

En el camino - Trelew




I
No viajamos juntos
él me lleva
como un cachorro, una promesa
como el viento que hace del mar espuma
brisa
sal
arena.

II
Dice que estamos en lo más alto de esa tierra
Yo veo una planicie con arbustos oscuros helados
y el horizonte hundido
como la lluvia entre los árboles.

III
Él sabe los nombres de cada especie, cada planta, los animales.
“los guanacos a veces se cruzan en la ruta, desde que dejaron de cazarlos ya no temen”

Las armas y la muerte ahora están en la ruta, el temor se mudó a los hombres.

IV
Cruzamos la señal que dice Comodoro Rivadavia 165 km.
A la vera un hombre montado en una yegua
surce el camino a las señales,
la tierra al lenguaje de la propiedad, su nombre.

Cuando encuentra un animal muerto
separa la piel de la muerte y la cuelga en el alambre.
Al final del día, las bestias y la noche no dejan nada.

Los que pasamos nos perdemos ese espectáculo
Adormecidos de tanto desear el futuro que anuncian los carteles.

IV
Al final somos nosotros
Las palabras, nuestras historias
los que dividen la tierra,

no el camino que hicieron otros.

Monday, June 14, 2010

En el camino - Gaiman



Dice la mujer que corta las tortas que la princesa era deliciosa

dice que durmió sin trabar la puerta y que reía de noche

dice que en los restos de su té se adivinaba un futuro luminoso

dice que ella se lo dijo

dice que la que más le gustó fue la de frutillas

dice que llevaba una corona brillante como la plata que sacan de los cerros

dice que sólo se la sacaba a la noche

dice que parecía caminar sobre el agua

cuando andaba por las calles de tierra del pueblo.

Tuesday, May 18, 2010

En el camino – Mendoza I



I
El equilibrio desnuda, un poco miente, a veces sabe.

II
Está en los pies el amor, la escala que mide la gran casa prendida fuego donde se viste la noche.
Está en la sombra emplumada.

III
Un día esos pies caminarán sobre un precipicio, las manos, los amantes
Mientras tanto pasan.
La belleza pasa.
De un lado al otro.
A veces vuelve.
Pasa.
En equilibrio,
efímero, en llamas.

Monday, May 17, 2010

En el camino - Santa Fé I



En mi historia de la cerveza Santa Fé es una promesa
un cielo, la maqueta del futuro hace mil años.

El problema es cuando uno llega
Y el lugar está vacío
Y las manos se sienten como copos de algodón
Y la espuma parece la del mar en Marzo.

El problema es cuando uno llega
Y el placer está vacío.

Thursday, March 25, 2010

En el camino - Rio de Janeiro



Mané
Te ví en verano
Contra el litoral de la bulla en llamas
perdido
y errante
entre las copas y el fango de la madrugada.
Estabas en el cielo de un baño infectado
mirando hacia el arco del horizonte, mi sol
la espalda del morro, los bailarines de la luz.

Cuanto cuentan los que vivieron en tu enero
y la mujer que te cocía el calor al pecho
que no había forma de salir de tu ciudad secreta.
Que eras una estrella, una llamarada,
Un dios subterráneo, un niño.

Sunday, November 01, 2009

Decimosexta clase - El final


I
Llueve a mares en Palermo. De la mano, la noche me besa el cuello. Huele a pasto, orégano fresco, latex y una remera recién lavada. Dos horas rodando sobre las sábanas, con animales pidiendo con los ojos que el tiempo no pare, no alcanzaron para volvernos hacer dormir. Hay un barco en el horizonte, un barco inundado, hundido por el agua dulce que cae silbando. Es sábado y hay un viaje que se murió en el pronóstico del tiempo del martes. Pero aún así hay algo que hacer por el agua, por la nave que los amigos preparan para cruzar el tiempo.

II
Resguardados por un piloto y un paraguas negro, los únicos dos navegantes que aún restan sus horas de sábado se ríen en una esquina. Javier sabe nadar con las manos en los bolsillos, yo aprendí a contarle las costillas del sueño. La esquina es un muelle, una señal en una carta, el lugar por donde partir. El asfalto huele a una madrugada en la playa de estacionamiento que estaba en Suipacha casi esquina Tucumán. Huele como olía el pasado.

III
“Estoy intentando llegar”, anuncia por teléfono el profesor, minutos antes de aparecer en un Renault 12 algo oxidado cruzando Santa Fe por Juan B. Justo. El sillón delantero esta definitivamente roto, aunque una agenda (esto lo sabremos varias horas después) impide que uno caiga en un pozo abierto en la base de la butaca. Nada de esto se ve porque el asiento está íntegramente cubierto con una tela. Los días, las horas señaladas en una rutina olvidada mantienen al acompañante ocasional con su mirada a la altura del parabrisas. Eso deja ver el horizonte, los autos, la mañana.

IV
El profesor cita a los anarquistas en el viaje, toma Libertador por el centro y esquiva el acceso norte. Un atajo nos hace pasar muy cerca, pero deja inmaculadas, las tierras de la Armada y la Policía. A la altura de Olivos se sale de la ruta y el Renault 12, como una nave que se deja caer en las fauces temidas por los navegantes del siglo XV, cruza la tierra hacia el bajo, al verde, al fondo de una ciudad. Va buscando el contorno del río escondido atrás de la fronda.

V
Desde Olivos hasta San Isidro, atravesamos un túnel verde y húmedo, siguiendo las vías del tren de la costa. De un lado, la siembra del agua dulce, florida y serpenteante, y del otro las barrancas con enormes casas. Palacios civiles posados como tortas flotantes en medio de un lago lleno de musgo, camalotes y nenúfares. Palacios civiles que resumen la historia del dinero de la última mitad del siglo. Sus dueños, faraones y usurpadores, ladrones de la tierra y el cielo, mercaderes de cartas y palabras pulidas, funcionarios estratégicos de los túneles negros de los metales preciosos… todos invisibles a nuestra mirada, perdidos en sus fortalezas, propietarios de montañas con vista el horizonte. Algunos heridos, otros muertos. Solo sus paredones los resguardan del tiempo. Solo su mirada les devuelve el ocaso.

VI
El profesor busca durante todo el recorrido estar lo más cerca posible del agua. El mar dulce lo llama como una sirena vestida con un traje de coral. Sus ojos doblan el paisaje como el fuego lo hace con el hierro. Hay un barco en sus manos, un papel que fecha su nacimiento en 1921, unas fotos nuevas de los barcos soñados, un destino salado en aguas abiertas y el río revuelto para los pescadores de sueños.

VII
En una casa cuadrada, rodeada de plantas trepadoras, herramientas que hacen casas y a la vera de un piano alemán flamante, dos navegantes muestran a sus dos alumnos los colores de las boyas cardinales. Esos objetos flotantes amarillos y negros, con triángulos en su cima, ordenados por los hombres, cambian los colores en los continentes y solo te indican por dónde hay que dejarlas. En la oscuridad es el parpadeo de las luces lo que te muestra los colores.

VIII
Esteban obtiene las tablas de mareas de Internet y las imprime en el anverso de unas partituras de música. Los dos lados del papel quedan así guiando a los hombres, un lado en el silencio, el otro en el agua, ambos en el tiempo. La tabla de mareas indica el mínimo esperable, la menor profundidad histórica en promedio, la tabla parece querer dejar tranquilos a los que navegan, alejándoles el peligro. La tabla de mareas te da información para saber la altura del agua en un lugar determinado a cierta hora en un momento del año.

IX
Es el sol, es la luna, son los astros lo que imantan el agua del planeta. Todos giran, se elijan, se acercan, rozan la piel de la tierra, besan los millones de mares, el corazón fértil donde crece todo el agua del mundo. “Lo que explica las mareas también explica el zodíaco”, dice Esteban mientras enciende el fuego de la hornalla. “Aunque el sol es mucho más grande que la luna, la mayor cercanía de la luna le da mayor fuerza sobre la tierra”, agrega cuando pone la pava sobre la llama. No es el calor ni el tamaño lo que da poder sobre los cuerpos, es la posibilidad de estar más cerca que los otros.

X
Aprendemos a calcular que altura tendrá el agua en San Fernando un sábado a las 5:23 de la mañana, un lugar y un momento en el que nunca estaremos. Mirando el pasado, todos estos sábados hemos aprendido herramientas para hacer caminos futuros, pero también hemos dibujado en papeles planes con un horizonte que jamás va a existir. Somos también aprendices de la estrategia que tiene el deseo.

XI
Luego de las cuentas que nos hacen saber la profundidad del río en un punto, de repasar los colores de las boyas, las señales de alarma y de silbar lo que silban los marineros cuando temen, los profesores saludan por el final del curso. Una tristeza inmensa, blanda, suave me llena las piernas. Es el fin. Podré volver a dormir las mañanas de sábado, a correr las noches de viernes hasta la orilla del sol. Nada calma los monstruos diminutos que me muerden la palma de las manos, el pecho.

XII
Hay un viaje en el futuro, sí, está la certeza de saber sacar a un hombre que muere en el agua, sí, sabemos como hacer un nudo que fija y también deja escapar, sí, podemos hacer del viento agua, sí, conocemos las costas de dos países, sí, en nuestros cuerpos llevamos el saber para huir de la tierra aún a oscuras, sí, pero todo esto se trató también de otra cosa. De evitar el sueño, de bucear en la historia, de aprender a palpar la nobleza en la madera, la fuerza con una mano en el viento, de cocinar contra el tiempo y el frío, de volver a mirar la cara de los hombres.

Thursday, October 29, 2009

Decimosexta clase – los niños


En la noche de San Francisco, los niños juegan con piezas de madera. Juegan a que están solos, juegan a que abandonan su pasado. Las fichas grandes deben quedar cerca de otra ficha, sola, redonda y pequeña. Hay dos equipos, dos niños forman cada uno. Hay arena sobre la pista de madera para que las fichas se deslicen. Cuando corren sobre la superficie desértica, si uno acerca los ojos al juego, puede ver como la arena se levanta, los granos saltan por el aire y caen en la fosa que rodea el tablero de juego.

Los niños toman cerveza y whisky antes de la partida. El whisky se hace en Kentucky y la cerveza a pocos kilómetros del bar. Como en toda ciudad construida sobre la orilla del mar, su puerto es lo que le inyecta vida, le da forma, le recorta el corazón. La cerveza inmigrante brota en las casas y prende fuego a los trabajadores cansados. Las jóvenes que le muerden la espuma están sentadas en el fondo del bar, tocándose los labios con la yema de los dedos. Al menos una hace esto y parece que se va a levantar a bailar. La rubia que la acompaña, desde el otro lado de la mesa, imita a Cash con su mirada y sus caderas.

En el juego un solo equipo gana. La base de la competición es el desafío, superar al otro o despejar sus fichas de la cercanía al bochín. No solo uno debe dejar sus fichas cerca, sino también evitar que las del rival estén en mejor posición que las propias. Uno puede también golpear las fichas contrarias para que estas caigan fuera del tablero. Es una maniobra riesgosa, en la que siempre hay que darle mucha fuerza al lanzamiento. Se puede ir ganando una partida y que en un golpe todo cambie. El desafío es lo que alienta el placer del juego. También las risas. También el miedo.

El bar, ruin y casi vacío, es atendido por un solo hombre. Charla en el medio de la barra con tres hombres. Los tres beben cerveza, los tres están serios, los tres dan la espalda a los juegos. Debe haber unas doscientas cincuenta botellas, de muchos países del mundo, de formas, sabores y colores distintos, un crisol florido, un gran cartel de luces, un pedazo de historia, un abanico para batir los cuerpos dormidos. La cerveza de los niños es Anchor Steam, y la sirven en unos grandes vasos de vidrio. Los vasos tienen un ancla dibujada, los restos portuarios de una ciudad, las marcas de la historia.

En el juego la arena y la música son fundamentales. Una máquina paga con canciones cada 25 centavos que se depositan. No es lo mismo el juego con Eagles que con Bon Jovi, Dylan o Elvis. No es lo mismo cuando Depeche Mode hace reír a las mujeres que salen del baño. No es lo mismo cuando la gran máquina hace silencio. Como un dios electrónico, cargado de historia y voces ajenas, la máquina transforma a los hombres que se acercan. La máquina no anda sola, la máquina devuelve el amor. La arena hace que las piezas rompan la inercia de su propia forma. Sin arena la madera de las fichas no las dejaría correr. Sin arena la ficha tendría los límites dramáticos de su material. La arena hace que el movimiento crezca, que las fichas corran como conejos, que los ojos de los niños brillen como perlas, como cebollines, como el vaso de cerveza.

La cerveza juega con las fichas, con la noche, con los niños. La cerveza irradia los cuerpos, siembra la noche con semillas heladas y pulposas, bate los niños a duelo. El vaso, su recipiente, es tan grande como la mano abierta de un hombre, dura como su pecho y frágil como el frío en la calle. El vaso tiene historia, un viaje en el cuerpo y un viaje por delante. Hay un futuro para los niños, hay un horizonte para el vaso. Aunque los niños nada sepan de esto, aunque Elvis paladee sin saberlo las palabras que contiene el mapa, aunque los 25 centavos caigan sobre las manos de dios como una gota en el Pacífico.

El viaje lo hacen los objetos, no las personas. Los niños se separan como siempre se separan, recordando. El vaso cruza el continente, del Pacífico a las fauces del Plata, de las manos al cielo, de la noche imantada por extraños al camino de tierra y acacias que recorre los cuentos de dos niños. El futuro se hace presente, se hace pasado, las aguas del río se ponen el traje de arena. El juego vuelve. Los navegantes corren como las fichas, conejos malditos y felices cruzando su día sin horizonte, virando sobre una boya para salvar un hombre que no existe. Para aprender a salvar al hombre del futuro. Hasta ahí llegó el vaso, ahí vuelve a llenarse, ahí vibra como vibraba con la música de dios, ahora con el viento, con el agua dulce, con las risas de los niños jugando.

Monday, October 05, 2009

Quinceava clase – El cristal chino


Espejado en el cristal chino
Un navegante sueña con las islas del Pacífico. Sueña lo que el que mira no sabe. Sueña con otro.

No hay lugar más lejano que el que uno conoce visto de lejos. Eso es algo que se sabe cuando se ve la ciudad desde el Río. Eso es algo que se sabe cuando uno se va para siempre de algún lado.

Espejado en el cristal chino
Un hombre sueña con las playas del Índico. Sueña que ya estuvo.
Sueña que nunca las dejó.

No hay lugar más amado que el que uno conquistó solo. Eso es algo que se sabe haciendo un nudo marinero. Eso es algo que cuando se aprende no se olvida más.

Espejado en el cristal chino
Un hermano sueña con las aguas del Caribe. Sueña que las dibuja en un mapa.
Sueña que sabe llegar hasta ellas.

No hay lugar más cercano que el reflejo en la mirada. Eso es algo que nunca se sabe. Eso es algo que nos devuelve una foto.

Espejado en el cristal chino
Un amigo sueña con las costas del Atlántico. Sueña que le siembra banderas y flores. Sueña que duerme acostado en la arena.

No hay lugar más extraño que el que flota en el sueño. Eso es algo que se descubre soñando. Eso es algo que no sale en las fotos.

Tuesday, September 22, 2009

Catorceava clase – La derrota


I
Después de tres días de viento del sudeste, el río esta colmado.

Es decir, el agua besa hasta donde empieza a desplegarse la gran alfombra verde del jardín del náutico de San Isidro.

Otros días, la marea baja, desnudaba el barro, la mugre, los restos metálicos, basura, el fango masticando, mudo, lo que cae siempre atravesando el suelo.

II
Luego de dos sábados sin subir a Matilde, creo olvidar todo sobre el velero y la navegación.

Sobre un barco, cada cosa tiene un nombre,

y cada palabra es nueva.

Uno no aprende muchos vocabularios en su vida.

Hay algunos que te hacen medir, otros hablar, este,
navegar.

III
El Pampero es el viento que suele venir luego del sudeste.

Contrario a su anterior, aleja la tormenta y hace bajar las aguas.

El primer día del Pampero el aire se desnuda, se saca de encima el polvo, la arena
Los restos de las flores flotantes del delta.

huele a agua dulce, al rocío que levanta de la costa, a vacío.

IV
Con rumbo directo a la Ciudad Universitaria,
El capitán lee el programa del examen final.

Durante treinta minutos, con el rumbo fijo en un punto de la costa

Esteban lee, y lee, y lee.

Cada tema a evaluar para lograr el título de timonel está escrito en un idioma extraño.

V
Hay toda una sección del programa que habla sobre la derrota

Cómo medirla. Cómo reconocerla. Cómo estimarla.

Creo recordar que estas tres preguntas están en el programa.

La derrota es un tema importante.

Al menos cómo medirla, cómo reconocerla, cómo estimarla.

VI
Por primera vez logro hacer sin equivocarme, dos veces seguida el nudo ‘haz de guía’.

El descubrimiento que me hizo no fallar fue haber entendido cómo era el nudo.
Esteban me había mostrado que, antes de cerrar el nudo, yo podía ver si una parte del cabo trababa la otra, y eso daba cuenta de si estaba bien el nudo antes de cerrarlo.

Siempre es bueno poder saber antes de terminar de cerrar algo si uno está en el camino correcto.

Siempre es bueno saber que se puede hacer un nudo.

VII
De regreso, discutimos sobre los Piratas y su organización.

Yo cuento algo que leí en un libro, que ellos no tenían rangos fijos, sino que la cadena de mando solo se ponía en rigor en el momento de la navegación o la batalla.

El resto del tiempo repartían el botín en partes iguales, compartían la comida, dormían sin distinciones de comodidades.

Duró poco esta experiencia.

No hace falta que algo dure un siglo para que sea inspirador.

Monday, August 31, 2009

Treceava clase – El mal


I
¡Ey! ¡Qué hacen! ¡Cuidado con los chicos!

Grita la tripulación de Matilde a los cuatro hombres sentados en la torre de un yate.

Su barco, una fortaleza gastada y a motor tira su cuerpo de plástico sobre el camino de unos niños que navegan sus pequeños barcos a vela.

¡Hijos de puta! ¡Ey! ¡Pelotudos! ¡Qué hacen!

Insiste la tripulación con la los puños en alto, como bárbaros deseosos de tomar por asalto la torre desde la que gobiernan su embarcación esos hombres que ahora se levantan y nos miran con furia

¡La culpa la tienen ellos que no saben navegar!

Gritan desde sus tronos, señalando a pequeños navegantes que ordenen sus barcos en fila, guiando su aprendizaje en un enjambre de cascos y velas blancas.

¡Maleducados! ¡Forros! ¡Pelotudos de mierda! trinan los aprendices de Matilde, parados sobre la cubierta del velero de madera sobre el que aprenden cada sábado, ansiosos por saltar a la cubierta del yate y moler a golpes el alma corrupta de esos hombres.

El yate se escapa, camino al San Antonio, el santuario de los hombres que andan a motor, el cementerio de millones de dólares invertidos en castillos lujosos con aire acondicionado y falsos caballos de fuerza.

¡Que ganas de cagarlos a trompadas! Muerde su bronca la tripulación mientras el capitán busca calmar los ánimos, deseosos de justicia.

II
La navegación luego continúa en paz, comiendo sándwiches, bebiendo un vino del 2004 y mirando con desdén las embarcaciones que no saben navegar a vela.

III
Aprender a navegar no solo se trata de saber llevar un barco de un punto a otro impulsado por el viento, sino de cómo es ese recorrido. La forma y la estética del camino. Dar respeto a una embarcación o una señal, los derechos que marcan la ley en un cruce, el orden entre los hombres en la maniobra, conocer y amar las fuerzas de la naturaleza, construir un camino desde la navegación de cabotaje a la de alta mar, colocar visible el pabellón que indica tu procedencia y el del país al que se llega, colaborar en los problemas de otro navegante.

IV
El viento del noroeste lleva a Matilde hacia el sur, sur este. El agua baja y desnuda las lomas de arena, las señales de peligro, los cadáveres trenzados en el fango.

V
El mal también anda por el agua, no solo en el peligro que crea un barco, no solo en los hombres que gritan desde su torre, no solo en los que cortan el camino de aprendizaje de los niños, sino también, y lo que es mucho más grave, en esos hombres que acusan a los chicos de no saber. A esos hombres hay que bajarlos de la torre, molerlos, tirarlos al agua sin salvavidas y ver como la sabia corriente que baja los lleva lejos, al mar, al océano, al olvido, a la nada.

Tuesday, August 11, 2009

Doceava clase – carta de navegación


I
Un mapa en el agua

Una carta astral

Unas boyas que marcan un pasaje

Un cielo con alfileres con las cabezas de colores

Rojo, negro, celeste, blanco.


Un mapa en la mesa

Una carta de navegación

Unas boyas que se hunden entre las olas

Un cielo con nubes negras y escarcha blanca


Un mapa entre las manos

Una carta de agua flotando en el aire

Unas boyas de peligro en llamas

Un cielo como una cuna, una cama con las sábanas blancas, un lugar donde nunca llegar


II
El capitán explica uno por uno a los marineros cómo se hace una medición. Hay un norte geográfico y un norte real. Hay que calcular el desvío, llevarlo a la carta y trazar las líneas sobre agua y tierra. Las mediciones se hacen con la Pinula, una brújula manual que mide señalando un punto fijo, el desvío desde el norte. Esas mediciones se llevan al mapa, se cruzan una con la otra y deben señalar el lugar exacto en que uno está

Perdido

Así uno se ve siempre en un mapa. Las mediciones de los tres marineros difieren entre sí y con la del capitán en todos los casos. Quizás la navegación no permita saber un lugar exacto. Quizás quien no lo permite es el río, no los instrumentos de los hombres. Quizás uno siempre está

Perdido

Los puntos fijos se buscan en la costa, entre la tierra y los hombres. La Catedral, La torre Le Parc, un edificio recién terminado de un estilo francés ya acabado, la Ciudad Universitaria, la cima de una escollera, son referencias fáciles de encontrar mientras la navegación es de cabotaje. Somos hombres mirando obras de hombres para saber dónde estamos

Perdidos

El mapa, un gran plano que ocupa una superficie mayor que la mesa donde se despliega, no solo dibuja la forma de la costa y los canales donde navegar en el río, señala también referencias humanas en tierra. En algún momento un edificio se escribe en el mismo papel donde se dibuja un río y la profundidad del agua. En ese mismo momento la forma de la tierra queda señalada con aquello que los hombres construyen sobre ella. Algunas obras muestran la forma de los hombres

Perdidos

La cuenta que hace el capitán difiere de la mía en unos grados. Llevado al mapa hace que el cruce de las dos líneas que hacemos cada uno se crucen en lugares distintos. Aunque estemos sentados a un lado y el otro de la misma mesa, navegando en el mismo velero, el mapa señala que hay una distancia entre nosotros. Así a veces uno se encuentra con otro, navegando, en la misma cabina, escribiendo con el mismo lápiz líneas en un mapa, cerca, lejos, buscando el lugar en el que uno siempre estará

Perdido

Monday, August 03, 2009

Onceava clase - la varadura y los dioses


I
En el embarcadero no hay viento y el sol tiembla sobre la superficie del agua.

Antes de pasar a buscar al Capitán, ponemos la mayor y la genoa

Las más grandes velas que hay en Matilde

II
La masa de agua del Plata
esconde el fango
lomas oscuras de tierra y basura.

aunque las boyas señalen el peligro,

son marcas erráticas, débiles

intentos por señalar lo que nadie pudo ver jamás.

III
En Conchillas, Uruguay vimos el pozo en el monte rocoso de donde se sacó la piedra para construir el puerto de Buenos Aires. Es un falso río seco. Una cantera con el esqueleto desnudo y oxidado.

Es sábado, y ese edificio crece y oscila en la proa.

Cuando uno ve lo que está y de donde vino, uno cree verlo todo.

IV
“hay que evitar los caños” dice el Capitán, señalando una armazón de tubos negros que sacan la tierra del fondo del Río. Hay al menos un kilómetro entre esa máquina y la costa.

Ese es el pasaje por el que nos lleva el viento.

V
El viento del este es molesto, recorta el rumbo del velero como un papel viejo.

“Hay mucha vela”, dice el Capitán

La tripulación hace riso en la mayor. La maniobra consiste en reducir la superficie de la vela bajándola unos metros y tomando parte de ella sobre la botavara.

No por tener mayor superficie de vela la navegación es más rápida.

VI
El viento no alcanza para saber si el agua sube o baja. Hay que ver la estela que se forma en algún objeto fijo. Una boya, un palo, un faro flotante.

El Río de la plata crece y baja atado a la luna.

VII
Cuando la tripulación parece encontrar en el puerto de Buenos Aires un destino

El quillote toca el fondo, muerde el fango, corta el camino.

Matilde se vara en el medio del río.

VIII
Tener una quilla que cala hondo, permite tener mayor arboladura, Matilde cala un metro treinta, pero eso aumenta el riesgo de vararse, dice el Capitán.

Clavado, el velero se levanta con las olas
cae y choca contra el fondo
haciendo temblar todo el cuerpo de Matilde.

Aunque toda la tripulación se cuelga de babor para inclinar el barco y despegarlo del fango, aunque el motor desata sus quince caballos, aunque el viento arrachado hunda las velas, nada saca del barro la nave.

IX
Marchar hundiendo el cuerpo en el agua, profundo, palpando el fango

Afirma la navegación, permite navegar contra el viento.

X
En la película de Miyazaki, Chihiro recibe en los baños públicos al dios del río. La bestia voladora, negra y espesa, arrastra toda la basura de su lecho, los restos inútiles de los hombres, la mierda metálica y plástica que el barro no termina de tragar.

Chihiro lo lava, lo enfrenta, rechaza el oro, pregunta su nombre y rompe el hechizo.

Uno no solo navega contra el viento y la marea,
el dios del río trae en el cuerpo el hambre de un dios que puede masticarte el camino.

Navegando, la tripulación también aprende a enfrentar a los dioses.

XI
Como el lecho del río,
los dioses no tienen cara y arrastran la basura de los hombres.