La purpurina cayendo en el café de manha, criminal, la maquina que hace decir ‘dios’ haciendo tic tac en el estómago, criminal, el perdón tentando con una cama al final del rencor, criminal, la boca salpicada de rouge carmín, criminal, los ojos huyendo del desdén en un partido en
Monday, February 25, 2008
criminal
Thursday, February 21, 2008
una ventana al carnaval
Desde que tengo memoria, hubo una televisión cerca. En mi casa, en la de mi abuela y en la de mis amigos del colegio. En algunas casas, la tenían frente a la mesa en que se comía. En la mía no. Cuando me fui de mi casa, el primer cambio fue que no había televisión. Si no hablabas, se escuchaba el silencio. El único antecedente de esta experiencia, eran los veraneos, en que las casas no tenían ningún aparato, o alguno muy viejo en que se veían, mal, un par de canales de Mar del Plata.
Cuando era chico, mis padres, me llevaron un par de veces al corso de la calle Avellaneda en Virreyes. Era en Febrero. Esta calle es un boulevard en que en las macetas que dividen ambos carriles, el pasto solía estar quemado, seco y salpicado por basura. Con el paso del corso, sobre el pasto y la basura, caía espuma, serpentinas y papel picado. La espuma se derretía, y se hacían unos charcos de barro. A mi me gustaba saltarlos. Una vez fui con mi abuelo, que tampoco se reía en los carnavales.
En otra casa en la que viví, di vuelta una televisión rota, y le puse un cartel con una frase de Boris Vian: J'avais la télé, mais ça m'ennuyait / Je l'ai r'tournée... d'l'aut' côté c'est passionnant. A mi última casa familiar, volví para rescatar dos cajas con fotos y diapositivas, ropa y unas butacas de un cine viejo de tigre. Si te sentabas, se veía el cartel con las palabras de Vian. La canción se llamaba “Je suis snob”. Creo que era lo mejor que podía ser en esos días. Cuando estaba solo, me tiraba en la cama de uno de mis compañeros de casa, y hacía zapping hasta la madrugada en su
Cuando me mudé solo, decidí no tener televisión. Escuchaba radio, más que nada A.M.
Madame Satá fue mi primera ventana hacía un carnaval que todavía no existía. Madame Satá era el personaje de Joao Francisco dos Santos. Para mí, la ropa que él usaba era un disfraz, después supe que en Brasil lo llamaban fantasía. Media hora después de descubrir esto, empezaba a enroscarme en una serpiente de tul naranja. Cuando terminó la película, yo lloré. Cuando terminé de ponerme mi fantasía, salí a la calle y estuve bailando desde Santa Teresa a Copacabana y de ahí a Lapa. Lapa era el barrio de Madame Satá.
Cuando llegué a Río de Janeiro, sin saberlo, el primer lugar que pisé, después de la estación de buses, fue Lapa. Era de día y no había nadie. La segunda vez que fui, la gente compraba latas de cerveza en la calle, comía salchichas y parecía no querer entrar a ningún lado. Entré a un bar en que tres músicos tocaban choro y vi una mujer que me encantó. No quiso hablar conmigo. Sentado bajo una ventana desde la que se veía la calle apenas iluminada, bebía cerveza como si ese volumen líquido fuera la arena de mi reloj. Di vuelta varias veces el reloj. A la mañana siguiente, desperté en una habitación llena de fantasías.
Fui al sambódromo, el día del desfile de los campeones. A las tres de la mañana me subí al taxi con dos amigos, bajamos en la puerta, compramos unas entradas ya usadas, entramos y encontramos un lugar en la tribuna más popular. Entre nosotros y el desfile, había otra tribuna que supe, era más cara. Una señora morena, sola, estuvo bailando las tres horas que estuve. Todo el tiempo se reía. Desde la tribuna, ese carnaval desfilando, se veía bastante parecido al que yo veía por la televisión cuando era chico. Pero el carnaval sí existía en esa risa.
De vuelta en casa, la televisión repetía las imágenes del desfile de las escolas campeonas. Beija flor fue la ganadora. Supe que beija flor es la forma de nombrar al colibrí. Desde la ventana, se veían, aún encendidas, las luces del sambódromo. Esa noche dormí en una hamaca paraguaya. Recién al otro día vi la foto. De un lado, la televisión, con el eco de la fiesta. Eco y comentarios. Del otro, las luces iluminando una pista vacía. Y el carnaval, perdido en la ciudad, esquivando las luces y
Wednesday, February 20, 2008
Cuatro casas y el amor
Una superficie de
Un colchón en el piso, con una sábana de hormigón roja, desplegándose en mi cabeza. Palabras, palabras, palabras. Como una enredadera regada con agua salada. Sin sueño. Con ramas esdrújulas. Sin verde. Con algunas oraciones en francés. Sin mi dolor aún planchado con las camisas. Con mi risa salpicando a una chica que me hizo feliz un mes.
En la cocina, había una heladera blanca como la espuma de afeitar, y adentro, un queso feta blanco como la espuma de alta mar. Yo corté un pedazo ancho como una rebanada de pan lactal, y le volqué aceite de oliva. Comí con las manos. Esa noche, sentado en un taburete de madera, escuché las estaciones de Astor. Cuando me fui a dormir, empezó a terminar el verano. Cuando me fui a dormir, amaba.
Las puertas de los placards pintadas mirando a Grecia. Grecia en el mail, pidiendo volver. Y el camino en el mapa, iluminado por correos de madrugada, con besos en la firma y PD donde sí brillaba algún deseo. El send y reply terminó trayendo el recuerdo exacto. Fue algo que pasó a la mañana. Fue algo que no iba a hacer. Fue en la forma, distinta, de hacer la cama. Fue en el tiempo entre un beso y otro. Fue con las ventanas del cuarto abiertas. Fue en una casa que tenía las puertas azules. Fue, en verdad, en la distancia. Creí que lo iba a recordar. Creí que era para siempre. Después me dormí. Y volvió seis casas después.
En Lapa, la gente baila y mea en la calle. Cuando llegué, creí que ambas costumbres, eran una forma conjunta de la libertad. O que eran otro nombre para la libertad. Los desagües pluviales, dejan charcos en las calles y es difícil saber si lo que uno pisa es agua. Y en esa duda, pensé, también había algo de la libertad. La gente, fantaseada, bebía cerveza de latas heladas. Entrando desde los arcos, la calle se tuerce mientras se ilumina con cada bar abierto. En el fondo, junto al último bar, había una escalera tapizada de azulejos cortados a golpes, de todos colores y orígenes, un patrullero con dos policías con chaleco antibalas y el Hotel Love’s House. Uno puede subir la escalera, alejándose de la policía e internándose en el morro hacia Santa Teresa, atravesar el umbral, bajo el cartel de Love’s House, o quedarse bailando en la calle. Cuando me fui, creí que en esas posibilidades, había algo de la libertad.
Monday, February 18, 2008
el diablo
El diablo está en la máquina que estampa flores en las telas chinas, en las favelas donde se cría la samba al sol de lamparitas de 45 wats, en los vestidos blancos de algodón, en
El diablo es una peluca roja en Río de Janeiro. Una promesa que se hace a bordo de un avión, de ida, en un viaje sin vuelta confirmada. El diablo duerme boca arriba. Nada con los ojos abiertos. El diablo está en el rocío del campo, cuando el primer sol brilla. En el aire que levanta el mar cuando va a llover. En las madrugadas de
Wednesday, January 30, 2008
Apuntes a Antes del amanecer


Los trenes
Para llegar de un lado al otro, el avión. Para recorrer ese trayecto, el tren. El tren da la posibilidad cierta de bajarse en diversas paradas, no solo en el destino final. Uno, aunque de manera sorda y tácita, va decidiendo continuar en cada estación. El destino final se transforma en otra parada, en una excusa, una razón más.
Los que se sientan en el pasillo huyen del paisaje, de su visibilidad como fotogramas, de cómo se funde la luz en pocos colores. En el movimiento, uno se ve móvil, y a la vez inmoviliza el resto del mundo. Un pájaro es una visión de un pájaro. Una casa es siempre un segundo en esa casa. Los que se sientan en el pasillo, huyen del tiempo.
Los libros
Jesse lee a Kinski, Celline a Bataille. Me dijeron que en un tiempo Klauss vivía en un cuarto lleno de hojas de árboles secas. Después lo vi loco en una película de Leone. De Bataille leí algo sobre el erotismo. Una historia creo. Los libros son un ancla, te llevan a un fondo florido, cerca siempre del fango, la arena o las piedras. Y al mismo tiempo, hacen preguntas que flotan como pelotas de ping pong, boyas, plumas. Los de Jesse y Celine, parecen hacerse preguntas entre sí, antes que ellos hablen. Aunque él esconda el suyo, y ella no. Entonces, esos pocos minutos (¿segundos?) en que ellos leen, y otros pasajeros hablan, callan o discuten, la lectura teje una sábana de silencio. El libro de él se llama “Yo necesito amor”. El de ella es
Mesas y sillas
Jesse mira a Celine cuando ella se sienta en las butacas que están al lado de las suyas. Cada uno tiene dos. A cada uno le sobra una. El la mira, solo una vez, antes de decirle algo. La diferencia entre el voyeur, el curioso, tímido, y alguien. ¿Sabés por qué estaban peleando?, es su primera pregunta, la mira a los ojos, con una leve inclinación corporal. Después hablan de varios temas y pasan al salón comedor. El único mejor lugar para conocer a alguien charlando, que la mesa de un restaurant, es una mesa en el tren comedor de un tren. La velocidad funde el mundo en el movimiento, y en ese escenario extraño, precario y fugaz, ellos se quedan realmente solos.
Espejo en cuatro partes
El espejo te hace verte, y también te corta en pedazos. Pedazos que se hunden en el tiempo, como si se enterraran en tu cuerpo dormido. En la fronda del sueño, vuelven del naufragio los nombres que usaste en cada lugar. Los que diste y los que te dieron. Los que usaste y los que quisiste dejar de usar. Los que te nombran y los que no. Lo que desaparece, si no lo dejaste escrito, no va a estar más. Al despertar, sobre las sábanas flotando como pelotas de plástico de colores, incluso cosas que nunca dijiste pero recordás.
El espejo se puede usar para desviar la luz y llevarla desde el espejo en la mano, hasta una cara, encandilar o encender un brillo en la cara del deseo. Pero es cuando corta y disemina las partes que espeja. En el palier de un edificio que visite varios años, había dos espejos enfrentados. Te repetía hasta un infinito improbable. Y así, me veía, como en fotogramas de una película super 8, en el tiempo, hacia el pasado (¿o hacia el futuro?), hasta desaparecer. Después de ese túnel, el espejo del ascensor, era un descanso, y pese a subir 4 pisos, fijaba mi retrato.
En la biblioteca tengo un espejo de forma oval. De un lado tiene una foto en blanco y negro de un soldado alemán. Serio. Quizás tenso. Con un gran tapado, el pelo corto peinado hacia atrás y la cabeza inclinada sobre el pecho, casi hundida. Como si el mentón le pesara, tuviera miedo o estuviera concentrando en su memoria ese momento. Como si también sacara una foto, de sí mismo, para atesorar al ser enviado a la guerra. Alguna mujer lo ha tenido entre sus cosas, y al mirarse, escondía el rostro del amado. Y al mirarlo, dejaba desaparecer el suyo. Uno en el espejo, esconde al amado, habría que escribir.
En un espejo del botiquín de un baño, pegué palabras y fotos. Un tigre dibujado y como palabras, ‘hola amor’. En otro, años después, ‘lo que tiramos no sabemos si es lo que somos o ya no’. De las casas que uno deja, los espejos del baño se dejan. Y como en el amor, no sabemos si lo que dejamos es aquello que ya no somos.
Monday, January 28, 2008
ventanas
Uno se asoma al nombre, como a una ventana cerrada. Como a un sueño. Mi abuela cuenta que salía a la de su casa de
Thursday, January 24, 2008
Una noche después de Manhattan
La copa helada calca y nubla
Van a dar las 3 y el viento levanta el polvo en mí. Después vendrá el recuerdo de Rita enroscada entre las sábanas, el fuego de la palma de mi mano, la luz del reloj por una llamada perdida y un (1) que anuncia un mail nocturno.
La frontera del sueño, esa costura de luz en la almohada, que a veces me duerme, espanta
En el texto, naranjas amargas, chica le dice a un chico, Manhattan y la antártida en el mismo mapa, besos
Replay
Tu isla es una copa roja cruza con violeta y madera, una noche helada hace 6 años y el pasillo largo de la casa, después de rodar por tu cama, con plantines de pimientos, romero y una enamorada del muro.
¿Cuándo nos vemos?
entre paréntesis
Ida y vuelta,
Replay
pero la noche es una enredadera que tapa la memoria de lo que escribo
y desde adentro, los bichos trepan y le comen el amor
esas cajitas musicales cubiertas con papel, seda roja, miedo.
Replay
Basta
A sent mail, delete
Sign out
Inicio / Apagar equipo / Apagar
Y un cielo azul, negro, eléctrico
Monday, January 21, 2008
Francia
ok celine, he robado tu Francia. Como se arranca una sábana a la amante dormida. Como si fuera fácil y sirviera para cambiar de dónde vengo. Para perder el tiempo… o para vengarlo. Al principio fue por mi viaje, después fue por vos, por volver al vals y los fuegos artificiales. La última vez, por dos manhattan brillantes sobre la espuma de la madrugada, tu cama. Pero después di a Vian en tres cartas sin remitente, guardé el ticket de la gare du nord en la puerta de la heladera y escribí en el vidrio del tren a Liniers, tu nombre. Volví a las cartas sin título, al freezer de las seis de la mañana, a buscar la forma de las ciudades en google earth, a Casablanca y a pegar las partes rotas y estiradas, de un vestido. Desguasé tu nombre como una máquina, un mueble, una noche. Tu Francia fue una remera y la mesa después de una comida. Un espejo que se llena de manchas negras (¿humedad?). ¿Sabes?, un amigo me trajo Gitanes, negros, sin filtro. Una escarapela para hacer eco. Patito en el charco del cielo. Y los fumo en un sillón gris, escuchando A.M. La planta de lavanda que posé como un tótem en la mesa del jardín, ahora aturde. Reina. El mercado donde hacían de los cerdos cajas musicales para la siesta, ahora vende flores, libros usados y zapatos de gente que ya no está más. ¿Te acordás cuando trajiste el ticket del tren a Berlín? Para mi era el mismo viaje que a Mar del plata, pero más frío. Tenías mis bermudas de jean, que vos cortaste, los zapatos que me gustaban, las manos con olor a detergente, mi ropa y café. Había una muñeca en vos, y adentro un perro, y una máquina de criar canciones que otros tarareaban, porque no sabían la letra. Y en la parte más chica, tierna y cálida, un bosque donde los árboles zumbaban como moscardones, un
Wednesday, January 16, 2008
archipiélago
Después vamos a ir a oriente. La ruta de la seda, en una noche
Entre la sábana con olor a Skip, y la boca entre clavos, olor.
Las naranjas del delta, amargas, víveres y espejo.
Creeme
Esta muy cerca la orilla del hambre que ya tenemos. Como está cerca el mapa de tu cama, aún a
Son el mismo lugar si se busca la distancia en la palma de mi mano
En tu boca
En el rayo de luz del tren
En el google earth
En el archipiélago de mis ganas
un rayo blanco
Tuesday, December 25, 2007
libre, liebre
Parqué en codos. Plastificado que limpia la espalda tirada. Roto. Una mano abierta. No. Dos manos abiertas. Una pierna doblada. No. Dos manos dobladas. Flores en el pecho. Un cielo celeste en el pecho. La sangre en el pecho, lejana. Una bolsa con plata y documentos. Los pies descalzos que no caminan. Tirado. Roto. Libre. Liebre. Fósil. Baba. Molusco. Vertebrado. Sala. Dócil. Suelto. Cadena de agua.
Thursday, November 22, 2007
bailarina
El precio – base de la ejecución
Se arroga la captura, en regla, realizado.
el mes pasado, bailarina.
Las fotos y las huellas, la captura
La venta
La viuda fértil del mes
El mes pasado, bailarina.
Un puñado de dólares
Y el cadáver
El mes pasado, bailarina
Las hembras hicieron su pequeña prueba
Las mujeres envían “señales”
Su misión había sido cumplida, bailarina
Sunday, November 11, 2007
Wednesday, October 17, 2007
¡Primavera!
Durante la primavera los días se van alargando, desplegando como el paquete de un regalo que se abre con paciencia, creciendo como un a torta en el horno, estirando tal que fuera agua que estrecha su cauce para dar curso a su caudal. El sol sale cada día un poco antes y se pone un poco después, siendo la noche más corta cada día. Y las noches se hacen más cortas que otras noches.
La palabra Primavera es sinónimo de vida, juventud, sol, aire, viajes estelares, amoríos, líos, roces, enamoramientos súbitos, fantasías que se siembran diurnas y brotan en cuanto baja el sol, batallas por cuerpos extraños, enredaderas que cubren las medianeras y jazmines que caen al agua y liberan su perfume, húmedos y brillantes. Se identifica con el tiempo en que se unen las cosas en su mayor vigor, hermosura y frescura. Esta unión produce una mezcla que suele enamorar.
Al iniciar
Como es la estación que sigue al invierno, la primavera representa un cambio del clima que se refleja en las plantas, porque aparecen numerosas flores vistiendo alegres y llamativos colores acompañados de sus fragancias.
Los animales también disfrutan del buen clima y muchos de ellos se reproducen en esta época, las aves incuban sus huevos y hasta las abejas ponen los suyos. La miel que se obtiene en esta época es la más rica, aunque menos dulce. En las personas podemos notar igualmente el reflejo de una estación colorida y alegre. El enamoramiento se da mucho en esta época del año sobre todo en los humanos. El resto de las especies no suele enamorarse.
Tuesday, October 16, 2007
basura
seis bolsas de plástico, basura
distintas casas, distintas marcas
Conteniendo papeles, basura
el viento roto bajo la cama
entre medianoches, entre vasos
en el revés de la mano, basura.
Cortando cuatro años al bies y
pegando títulos sobre una alfombra de luces
Descubro que en un párrafo, sea el que sea,
Hay tantas palabras útiles como en un año de suplementos guardados.
Y solo pasa que un solo domingo se enciende en fogata sobre la cama
ahí toda la semana apaga su rostro. Antes de despertar el domingo ya no existe, y solo queda
basura
seis bolsas de plástico, dos cajas de cartón,
una de Gancia, una de Campari
guardan cartas que volaron un océano escritas en tinta azul
ahora se deshacen
basura.
entre la cuadrícula que ordena mi perdón anillado
una bolsa grande como una bañadera pequeña donde caben
los cuadernos del diario del año prendido fuego,
basura.
Las cenizas
su aliento tibio y los fósforos en una caja de música
con el ruido del piano de Bach
Basura.
El radar abierto al medio como una res blanca
no lleva a ningún lugar. Apenas
orienta el horizonte de lunes a sábado.
Apenas se cierra se abre y se hace
basura
La cama mojada, rodeada de las llamadas perdidas
Nutre el sueño, los dos ambientes, mi hambre.
Selección de los papeles para hacer la basura
cuerpo médano contra el viento de la tarde
arena en la almohada, en las manos
basura
El filo del mar. El frío del mal.
Lo feo de volver a oscuras a casa sobre una tormenta eléctrica
lo feo de sacar
basura