Monday, February 18, 2008

el diablo

El diablo está en la máquina que estampa flores en las telas chinas, en las favelas donde se cría la samba al sol de lamparitas de 45 wats, en los vestidos blancos de algodón, en la TV que comenta un tiroteo nocturno, en las fantasías, en la frontera entre dos países limítrofes. A veces se mira y se refleja en el esmalte carmín, en el iris de los ojos cuando se cierran después de medianoche. El diablo se moja en el asfalto meado, se viste de fiesta mirándose a un espejo de pie, come con las manos, guarda los restos en el freezer, baila abriendo los brazos. Y cerrando los ojos.

El diablo es una peluca roja en Río de Janeiro. Una promesa que se hace a bordo de un avión, de ida, en un viaje sin vuelta confirmada. El diablo duerme boca arriba. Nada con los ojos abiertos. El diablo está en el rocío del campo, cuando el primer sol brilla. En el aire que levanta el mar cuando va a llover. En las madrugadas de la A.M. cuando no puedo dormir. El diablo vive más que una mariposa, pero no vuela, aunque tenga alas. El diablo es la máquina que estampa flores en las telas chinas. El diablo huele a jazmines, azares, canela y clavo. El diablo es uno de los tres deseos del cumpleaños. El diablo a veces existe. Y cuando existe, es una fantasía de carnaval.

Wednesday, January 30, 2008

Apuntes a Antes del amanecer



Los trenes
Para llegar de un lado al otro, el avión. Para recorrer ese trayecto, el tren. El tren da la posibilidad cierta de bajarse en diversas paradas, no solo en el destino final. Uno, aunque de manera sorda y tácita, va decidiendo continuar en cada estación. El destino final se transforma en otra parada, en una excusa, una razón más.

Los que se sientan en el pasillo huyen del paisaje, de su visibilidad como fotogramas, de cómo se funde la luz en pocos colores. En el movimiento, uno se ve móvil, y a la vez inmoviliza el resto del mundo. Un pájaro es una visión de un pájaro. Una casa es siempre un segundo en esa casa. Los que se sientan en el pasillo, huyen del tiempo.

Los libros

Jesse lee a Kinski, Celline a Bataille. Me dijeron que en un tiempo Klauss vivía en un cuarto lleno de hojas de árboles secas. Después lo vi loco en una película de Leone. De Bataille leí algo sobre el erotismo. Una historia creo. Los libros son un ancla, te llevan a un fondo florido, cerca siempre del fango, la arena o las piedras. Y al mismo tiempo, hacen preguntas que flotan como pelotas de ping pong, boyas, plumas. Los de Jesse y Celine, parecen hacerse preguntas entre sí, antes que ellos hablen. Aunque él esconda el suyo, y ella no. Entonces, esos pocos minutos (¿segundos?) en que ellos leen, y otros pasajeros hablan, callan o discuten, la lectura teje una sábana de silencio. El libro de él se llama “Yo necesito amor”. El de ella es la Historia del ojo, las visiones sobre el Erotismo de Bataille.

Mesas y sillas

Jesse mira a Celine cuando ella se sienta en las butacas que están al lado de las suyas. Cada uno tiene dos. A cada uno le sobra una. El la mira, solo una vez, antes de decirle algo. La diferencia entre el voyeur, el curioso, tímido, y alguien. ¿Sabés por qué estaban peleando?, es su primera pregunta, la mira a los ojos, con una leve inclinación corporal. Después hablan de varios temas y pasan al salón comedor. El único mejor lugar para conocer a alguien charlando, que la mesa de un restaurant, es una mesa en el tren comedor de un tren. La velocidad funde el mundo en el movimiento, y en ese escenario extraño, precario y fugaz, ellos se quedan realmente solos.

Espejo en cuatro partes

El espejo te hace verte, y también te corta en pedazos. Pedazos que se hunden en el tiempo, como si se enterraran en tu cuerpo dormido. En la fronda del sueño, vuelven del naufragio los nombres que usaste en cada lugar. Los que diste y los que te dieron. Los que usaste y los que quisiste dejar de usar. Los que te nombran y los que no. Lo que desaparece, si no lo dejaste escrito, no va a estar más. Al despertar, sobre las sábanas flotando como pelotas de plástico de colores, incluso cosas que nunca dijiste pero recordás.

El espejo se puede usar para desviar la luz y llevarla desde el espejo en la mano, hasta una cara, encandilar o encender un brillo en la cara del deseo. Pero es cuando corta y disemina las partes que espeja. En el palier de un edificio que visite varios años, había dos espejos enfrentados. Te repetía hasta un infinito improbable. Y así, me veía, como en fotogramas de una película super 8, en el tiempo, hacia el pasado (¿o hacia el futuro?), hasta desaparecer. Después de ese túnel, el espejo del ascensor, era un descanso, y pese a subir 4 pisos, fijaba mi retrato.

En la biblioteca tengo un espejo de forma oval. De un lado tiene una foto en blanco y negro de un soldado alemán. Serio. Quizás tenso. Con un gran tapado, el pelo corto peinado hacia atrás y la cabeza inclinada sobre el pecho, casi hundida. Como si el mentón le pesara, tuviera miedo o estuviera concentrando en su memoria ese momento. Como si también sacara una foto, de sí mismo, para atesorar al ser enviado a la guerra. Alguna mujer lo ha tenido entre sus cosas, y al mirarse, escondía el rostro del amado. Y al mirarlo, dejaba desaparecer el suyo. Uno en el espejo, esconde al amado, habría que escribir.

En un espejo del botiquín de un baño, pegué palabras y fotos. Un tigre dibujado y como palabras, ‘hola amor’. En otro, años después, ‘lo que tiramos no sabemos si es lo que somos o ya no’. De las casas que uno deja, los espejos del baño se dejan. Y como en el amor, no sabemos si lo que dejamos es aquello que ya no somos.

Monday, January 28, 2008

ventanas


Uno se asoma al nombre, como a una ventana cerrada. Como a un sueño. Mi abuela cuenta que salía a la de su casa de La Pampa, a regar las flores cuando escuchaba los palpitaciones en la tierra y la luz caía oblicua sobre el piso de madera de su habitación. El caballo de mi abuelo Auzmendi, todos los días buscaba la misma hora, para ver desde el trote, a mi abuela, joven y sola, asomarse a la luz de la tarde. Hoy ella vive en una habitación con una gran puerta ventana. De un lado, su cama con almohadones con flores, del otro, sus macetas con geranios, santa ritas, margaritas y alegrías del hogar que riega todas las tardes, a no ser que llueva. Cuando ya no vivieron más en el campo, pusieron en su departamento de Belgrano, una pileta inflable en el balcón. Para llegar a la ella, había una puerta, que dejaba entrar luz, pero no el sol. Con mis hermanas nos pasábamos las tardes de verano sumergidos y mirando los autos que pasaban cuatro pisos abajo. Como íbamos los domingos, había pocos. En el cuarto que viví hasta que deje mi casa, tenía una ventana con una cortina de mimbre que nunca usaba. Siempre estaba arrollada, y jamás la cerré. Me despertaba con la luz del día, que iba llenando mi cama, mi cuerpo y la habitación entera, empezando a las 6 en verano, y las 7 en invierno. Sin embargo, en los 8 años que dormí en ese cuarto, el árbol que nacía entre las baldosas de la vereda, creció y comenzó a dar sombra sobre la mitad de la planta alta de mi casa. En ese primer piso, sobre uno de los lados, estaba mi ventana. Pasé a despertarme con un reloj. Y después con una radio. Y un día me desperté y el río estaba cubriendo toda la calle, el tronco del árbol, el canasto de la basura hasta su base, y un Peugeot 504 blanco del vecino. Después mis padres compraron ese auto, y yo volvía de noche por el acceso norte, manejando con la ventana abierta para no dormirme. La mañana en que vi el agua abajo de mi ventana, era el año 91 y fue una de las inundaciones más grandes en Tigre. El sol se reflejaba en el río marrón, como un fantasma. Cuando volví por primera vez a Buenos Aires en avión, me acuerdo que el Rio de la Plata parecía una enorme frazada vieja, turbia y brillante. Siempre viajo del lado de la ventana para ver los ríos, las nubes, la luz del sol en el fondo del cielo y como se mueven las alas de los aviones. Después de otro viaje, mi casa fue en un sexto piso. Desde la ventana se veían miles de otros edificios de la misma altura, y desparramados entre todos, la cúpula de un panteón, el techo de un mausoleo, una iglesia en lo alto de una loma y un edificio gris, oscuro y muy feo. Era Paris y ahí el cielo empieza en el sexto piso. Tal vez por eso la luz parece empezar muy cerca del suelo, y choca contra las paredes de piedra de los edificios, y queda rebotando, diluyéndose, apagándose, muriendo hasta dejar una sombre brillante, amarilla, casi ocre. Como un eco de una luz más vieja, más fuerte, y más real. Desde la ventana también se veían lo techos de zinc y las chimeneas color ladrillo. Un año después, hubo otra ventana que se ensuciaba con la mugre de los colectivos y el humo de una parrilla. La primera primavera que viví cerca de esa ventana, la estación le trajo flores y la humedad le cimentó el polvo hasta oscurecer el vidrio, la visión desde el balcón del living con azulejos blancos y los amaneceres. Buenos Aires era una máquina que apenas sabía como encender pero que, como el motor de una heladera nueva, nunca paraba. Y si el motor de la heladera le mantiene una temperatura constante, Buenos Aires estaba ordenado en un ritmo feroz, torpe y repetido, de día, y cansino, tibio y silencioso de noche. Pero estas diferencias apenas se veían desde la ventana. Las ventanas, grandes como camas king size, las abríamos, para dejar entrar el viento, y salir los restos fósiles de las sábanas y la cocina. Mandarinas podridas, albahaca fresca, humo de cigarrillos negros, aceite de maíz, lavanda, jazmines (solo en septiembre). Las dejábamos de par en par todas las noches. Salía a fumar un Gitanes sin filtro y asomado al balcón se veía una Tucumán inhóspita, salvo una semana que se llenó de unos trabajadores que picaron el asfalto incluso de noche. En el fondo, como una postal, un espectro y un refugio que no escondía a nadie, el teatro Colón con la misma luz que los edificios de Paris, brillaba cada noche como la sala vacía de un museo. Después encontré otra casa, con dos puertas ventanas, una, del doble de tamaño que la otra. A través de ellas, no se ve el horizonte, ni los techos, ni árboles o flores. Tuvo banderines, de colores, que se colgaron para una fiesta, yo no saqué, y quedaron hasta que en invierno, con los días fríos y el patio seco quedaron como una naturaleza muerta. Una noche, el agua de la lluvia inundó el patio y entró por la ventana abierta, sumergiendo el ambiente con mi cama, libros y el teléfono que dejó de sonar para siempre. Al llegar, descubrí, asomado a la ventana, con la lluvia aún cayendo en el patio, y sobre el vidrio, que las baldosas no eran más grises. Había algunas verdes. Otras celestes. Bajo el agua turbia de la lluvia, con la oscuridad de una tormenta y el cansancio de las 4 de la mañana, no llegué a ver que había dos verdes distintos. Uno era como el del laurel. El otro como el de la salvia.

Thursday, January 24, 2008

Una noche después de Manhattan


La copa helada calca y nubla

Van a dar las 3 y el viento levanta el polvo en mí. Después vendrá el recuerdo de Rita enroscada entre las sábanas, el fuego de la palma de mi mano, la luz del reloj por una llamada perdida y un (1) que anuncia un mail nocturno.

La frontera del sueño, esa costura de luz en la almohada, que a veces me duerme, espanta

En el texto, naranjas amargas, chica le dice a un chico, Manhattan y la antártida en el mismo mapa, besos

Replay

Tu isla es una copa roja cruza con violeta y madera, una noche helada hace 6 años y el pasillo largo de la casa, después de rodar por tu cama, con plantines de pimientos, romero y una enamorada del muro.

¿Cuándo nos vemos?

entre paréntesis

Ida y vuelta,

Replay

pero la noche es una enredadera que tapa la memoria de lo que escribo

y desde adentro, los bichos trepan y le comen el amor

esas cajitas musicales cubiertas con papel, seda roja, miedo.

Replay

Basta

A sent mail, delete

Sign out

Inicio / Apagar equipo / Apagar

Y un cielo azul, negro, eléctrico

Monday, January 21, 2008

Francia




ok celine, he robado tu Francia. Como se arranca una sábana a la amante dormida. Como si fuera fácil y sirviera para cambiar de dónde vengo. Para perder el tiempo… o para vengarlo. Al principio fue por mi viaje, después fue por vos, por volver al vals y los fuegos artificiales. La última vez, por dos manhattan brillantes sobre la espuma de la madrugada, tu cama. Pero después di a Vian en tres cartas sin remitente, guardé el ticket de la gare du nord en la puerta de la heladera y escribí en el vidrio del tren a Liniers, tu nombre. Volví a las cartas sin título, al freezer de las seis de la mañana, a buscar la forma de las ciudades en google earth, a Casablanca y a pegar las partes rotas y estiradas, de un vestido. Desguasé tu nombre como una máquina, un mueble, una noche. Tu Francia fue una remera y la mesa después de una comida. Un espejo que se llena de manchas negras (¿humedad?). ¿Sabes?, un amigo me trajo Gitanes, negros, sin filtro. Una escarapela para hacer eco. Patito en el charco del cielo. Y los fumo en un sillón gris, escuchando A.M. La planta de lavanda que posé como un tótem en la mesa del jardín, ahora aturde. Reina. El mercado donde hacían de los cerdos cajas musicales para la siesta, ahora vende flores, libros usados y zapatos de gente que ya no está más. ¿Te acordás cuando trajiste el ticket del tren a Berlín? Para mi era el mismo viaje que a Mar del plata, pero más frío. Tenías mis bermudas de jean, que vos cortaste, los zapatos que me gustaban, las manos con olor a detergente, mi ropa y café. Había una muñeca en vos, y adentro un perro, y una máquina de criar canciones que otros tarareaban, porque no sabían la letra. Y en la parte más chica, tierna y cálida, un bosque donde los árboles zumbaban como moscardones, un 747, mi sueño. Ok celine, he robado tu Francia. Pero cada vez que vuelvo al tren, veo el paisaje inmóvil, con mis cuerpos históricos, sin cabeza, alineados. Y me alegro. Y me río. Es el fin de todas mis palabras. Historias, anécdotas, razones, cuentos. Ok celine, he robado tu Francia. Y ya no queda nada.


Wednesday, January 16, 2008

archipiélago

Después vamos a ir a oriente. La ruta de la seda, en una noche

Entre la sábana con olor a Skip, y la boca entre clavos, olor.

Las naranjas del delta, amargas, víveres y espejo.

Creeme

Esta muy cerca la orilla del hambre que ya tenemos. Como está cerca el mapa de tu cama, aún a 1500 kilómetros. Alaska, Andalucía y la Antártida

Son el mismo lugar si se busca la distancia en la palma de mi mano

En tu boca

En el rayo de luz del tren

En el google earth

En el archipiélago de mis ganas

un rayo blanco



Un rayo blanco, de cañas, esclavos y mar.

Madera, clavos de acero, óxido sanguineo, en el hambre, en ti.


Bebo de anoche, pinga y cerveza, horas y tierra, rocío y hielo.

Cuando despierte,

Marcaré tu teléfono caminando por el patio

Nocturno, negro,

ruín

Tal vez estes, quizás no

Tuesday, December 25, 2007

1.000.000

libre, liebre

Parqué en codos. Plastificado que limpia la espalda tirada. Roto. Una mano abierta. No. Dos manos abiertas. Una pierna doblada. No. Dos manos dobladas. Flores en el pecho. Un cielo celeste en el pecho. La sangre en el pecho, lejana. Una bolsa con plata y documentos. Los pies descalzos que no caminan. Tirado. Roto. Libre. Liebre. Fósil. Baba. Molusco. Vertebrado. Sala. Dócil. Suelto. Cadena de agua. Viena. Berlín. El este en la puerta

Thursday, November 22, 2007

bailarina

El precio – base de la ejecución

Se arroga la captura, en regla, realizado.


el mes pasado, bailarina.

Las fotos y las huellas, la captura

La venta

La viuda fértil del mes


El mes pasado, bailarina.


Un puñado de dólares

Y el cadáver


El mes pasado, bailarina


Las hembras hicieron su pequeña prueba

Las mujeres envían “señales”

Su misión había sido cumplida, bailarina

Sunday, November 11, 2007

Wednesday, October 17, 2007

¡Primavera!


Durante la primavera los días se van alargando, desplegando como el paquete de un regalo que se abre con paciencia, creciendo como un a torta en el horno, estirando tal que fuera agua que estrecha su cauce para dar curso a su caudal. El sol sale cada día un poco antes y se pone un poco después, siendo la noche más corta cada día. Y las noches se hacen más cortas que otras noches.

La palabra Primavera es sinónimo de vida, juventud, sol, aire, viajes estelares, amoríos, líos, roces, enamoramientos súbitos, fantasías que se siembran diurnas y brotan en cuanto baja el sol, batallas por cuerpos extraños, enredaderas que cubren las medianeras y jazmines que caen al agua y liberan su perfume, húmedos y brillantes. Se identifica con el tiempo en que se unen las cosas en su mayor vigor, hermosura y frescura. Esta unión produce una mezcla que suele enamorar.

Al iniciar la Primavera, es momento de preparar la tierra y sembrar la mayoría de los cultivos básicos para aprovechar la llegada próxima de las lluvias. El cielo, por las noches, suele mantener un resplandor plateado, pero que solo puede apreciarse saliendo de la ciudad, a unos 80 kilómetros, navegando hacia la costa uruguaya a vela, volando al amanecer o con un telescopio que apunte a Venus. Se plantan también una gran variedad de árboles frutales, de hortalizas y legumbres.

Como es la estación que sigue al invierno, la primavera representa un cambio del clima que se refleja en las plantas, porque aparecen numerosas flores vistiendo alegres y llamativos colores acompañados de sus fragancias.

Los animales también disfrutan del buen clima y muchos de ellos se reproducen en esta época, las aves incuban sus huevos y hasta las abejas ponen los suyos. La miel que se obtiene en esta época es la más rica, aunque menos dulce. En las personas podemos notar igualmente el reflejo de una estación colorida y alegre. El enamoramiento se da mucho en esta época del año sobre todo en los humanos. El resto de las especies no suele enamorarse.

Tuesday, October 16, 2007

basura

seis bolsas de plástico, basura

distintas casas, distintas marcas

Conteniendo papeles, basura

el viento roto bajo la cama

entre medianoches, entre vasos

en el revés de la mano, basura.

Cortando cuatro años al bies y

pegando títulos sobre una alfombra de luces

Descubro que en un párrafo, sea el que sea,

Hay tantas palabras útiles como en un año de suplementos guardados.

Y solo pasa que un solo domingo se enciende en fogata sobre la cama

ahí toda la semana apaga su rostro. Antes de despertar el domingo ya no existe, y solo queda

basura

seis bolsas de plástico, dos cajas de cartón,

una de Gancia, una de Campari

guardan cartas que volaron un océano escritas en tinta azul

ahora se deshacen

basura.

entre la cuadrícula que ordena mi perdón anillado

una bolsa grande como una bañadera pequeña donde caben

los cuadernos del diario del año prendido fuego,

basura.

Las cenizas

su aliento tibio y los fósforos en una caja de música

con el ruido del piano de Bach

Basura.

El radar abierto al medio como una res blanca

no lleva a ningún lugar. Apenas

orienta el horizonte de lunes a sábado.

Apenas se cierra se abre y se hace

basura

La cama mojada, rodeada de las llamadas perdidas

Nutre el sueño, los dos ambientes, mi hambre.

Selección de los papeles para hacer la basura

cuerpo médano contra el viento de la tarde

arena en la almohada, en las manos

basura

El filo del mar. El frío del mal.

Lo feo de volver a oscuras a casa sobre una tormenta eléctrica

lo feo de sacar

basura

vivre, satan, una moto y la niebla



Monday, October 15, 2007

prevert

Peut-on jamais savoir par où commence
Et quand finit l'indifférence
Passe l'automne vienne
L'hiver
Et que la chanson de Prévert

autofocus



Wednesday, September 26, 2007

los fantasmas, la espuma y el amor

Una foto difusa

De una foto fantasma -

Una escena de espuma,

agua de felicidad -

dos cuerpos que se aman, se pierden

dos cuerpos que no se ven, se aman

una foto difusa

de una foto fantasma

una escena de miedo

en un cielo blanco y espeso

dos cuerpos que se duermen

flotantes

escenas de la felicidad

Arkaham entre flores

Un gato teme, muele, palpa, huele

Un gato guarda

Esconde

Ve

Un gato pierde, trepa, lame, come

Un gato guarda

Esconde

ve

Sunday, August 05, 2007

escribir

Escribir. El vuelo del pájaro pintado con un encendedor. La cuna del sillón. La cama en el pecho durmiéndome. Escribir la manta negra y mi pecho desnudo. Los pasos. La mugre. Escribir algo de los cincuenta televisores titilando. La basura soviética de hormigón. Escribir en inglés. Enmarcando. En mi monstruo. En mi miedo. En mi hambre. Abrir los ojos. Cerrarlos. Abrirlos. Escribir.

Thursday, July 19, 2007

Constantinopla

Caja de música en la panza

A veces un vals, cha cha cha

una raíz que se seca

Me sana. Una raíz que me hunde. Me saca.

Libro alcohólico que me dice que si.

Abiertas las aguas del mar

Como una res,

mi boca cuando duerme

Una mariposa.

El Bósforos marino, Dardanelos, Mármara. ¿Dónde están esas palabras en mí,

memoria?

Me-mo-ria:

Causas que impulsaron el descubrimiento de América:

La unificación de los reinos de España

La toma de Constantinopla por los Turcos que corta las rutas comerciales a

Oriente.

Y en la Y de cristal, hay dos aceitunas, y atrás están los turcos, Constantinopla travestida en Estambul, Istanbul, Monstruo negro y brillante. Y ahí estoy yo

Memoria

Y el mar, los barcos oxidados y las plegarias en el aire tres veces por día, como anzuelos,

Boyas que señalan un canal, fuego. O no. Las cenizas del fuego.

Techo, refugio, caja de música en mi panza

A veces un vals, la sed, una raíz

Fantasma

Constantinopla Galatea Irán / Rara Tierra Roce

Bósforo Mar Atlántico / Bangkok Lluvia Mezquita

Azufre Azafrán Arena / Rosas Rea Plegaria

Fuego Fiaca Feroz / Ron Bolsa Tiembla

Laberinto Labio Cielo / Patio Pies Desnudo

Mugre Manta Seda / Peces Luna Lágrima

Liras Grecia Asia / Tren Oscura Miel

Torre Nocturna Seres / Canela Azulejo Res

Barro Barco Istambul / Leña Suelo Luz

Tuesday, July 17, 2007

fantasma a la vera del Tamesis

Verde

¡Adelante!

sobre los márgenes del río, una calle, un hotel, la vereda geométrica y sus sombras.

Caminata con el paraguas como bastón.

Hacia un mar, van los peatones, los fantasmas y los duelistas que reciben el Bang. Pero de esas muertes quedan los fantasmas, el asfalto, los libros, la paz.

Londres a las 2 de la mañana es una cama deshecha, húmeda de cerveza Ale, la espera en la cima del sueño que me muerde la nuca, un gran paraguas de palabras, un rio negro, un continente, el océano Pacífico seco, una botella de whisky de 1890, un hindú, un fantasma que me duerme, una luz verde que no deja cruzar, el taxi fúnebre, las esquirlas de mi guerra de algodón.

Son las ganas de beber. De perder.

Tuesday, May 01, 2007

brillante
















Brillante, el espejo rompe la foto,

No. La sombra no se ve en el espejo.

Ni la foto, ni yo. Brillante yo, en el espejo,

Mi sombra, no. En el espejo, yo no. Brillante, yo no.

El espejo brillante rompe la foto.

La foto no rompe. La foto brillante, yo no.

Yo, brillante. Yo. No.

Alas

Alas entre la fauce, mano, tren de madera,

Mi boca. Es el día, anoche, donde se hacen agua los ojos.

Y cuando sube el morro, su vestido rojo con dianas

Hace de mi corazón un blanco, un papel, una mano abierta

la que busca algo en la heladera a las 4 de la mañana

la que saluda desde un barco

la que no duerme abajo de la almohada

alas que no se ven, su vuelo

desierto de un cuerpo desnudo

enredadera que me crece, helada.

Y cuando corta el morro, su vestido rojo con perlas

Hace de mi corazón un blanco, un campo alambrado

Una mano abierta

Cafetería







(Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Come, pequena suja, come!
Pudesse eu comer chocolates com a mesma verdade com que comes!
Mas eu penso e, ao tirar o papel de prata, que é de folha de estanho,
Deito tudo para o chão, como tenho deitado a vida.)

Sunday, March 18, 2007

Breve postal de una noche con vodka




Agua blanca trepando mi espina dorsal

Blancos afuera donde apunto

Río, escondo. Siluetas de mi aburrimiento.

Manos hechas pedacitos en un álbum familiar.

No encuentro la rima

Para la palabra iluminar

pero la luz funciona igual.

Un trueno no ilumina pero avisa.

Un avión hace posible volar.

Las llamadas perdidas

no se pueden recuperar.

El vodka con hielo me ayuda a esperar.

Algunas noches sé

Y otras salgo a buscar

Saturday, March 10, 2007

chino


Una llama blanca en un vaso de vidrio biselado. Chino y pequeño. Repetido a docenas en la casa de la ‘nueva esperanza’. El fondo de las mesas tendidas como camas de hotel, pliega las llamas de las manos que te tocaron. Hay un hombre enfrente con la mirada seca y negra haciendo pedazos la caminata de la señorita que lleva en la mano una botella de vino. El mapa que lleva la etiqueta no creo que sirva para nada, ni que nadie lo siga. “Lave la joven”: el cuadro en la pared tiene instrucciones de uso, no creo que sirva para nada, ni que nadie las siga. Una llama blanca en un vaso de vidrio biselado. Me acordé cuando y dónde era que iba a verte.

La comida: Cabrito cordobés braseado
Cortes mixtos de cabrito braseado, batatitas confitadas con manteca de hojas de curry, maranjas, vainilla y pimienta de Jamaica, ensalada de pequeños brotes, naranja, tomates secos, perejil, ciboulette, cilantro y reducción de vinagre de Jerez, orejones y naranja.
El lugar: Freud & Fahler

Friday, February 23, 2007

negro, Martin


Manos palpando el nombre, Martín, la humedad relativa en el aire, su fórmula en que cae según el viento, la forma de la piel en el pasadizo de la cama. La niebla en el sueño. La niebla en el agua. La niebla en el nombre, Martín.

un globo rojo

el mar negro
en sus manos
brillaba como un pez
una batalla, un globo rojo.
Pero ni siquiera así
sus aromas o tormentas se me pegaban a la piel.
Lo que quedaba entre las paredes de los cuartos
era el cuerpo, las astillas de humedad
plegada entre las sábanas, un viento hecho pedazos,
la botella de blanco vacía, la boca roja en una copa.
Oxidado como el fuselaje de un avión viejo
viaja la memoria nadando, casi sin aire,
submarina en mi pileta.
A veces se viste de negro
a veces brilla como un pez
una batalla,
un globo rojo.

Mafia

Un beso en la sábana, atrás de la almohada. Caramelos encima de las manos, rodando. Verdes, azules, lilas, su nombre, verdes, azules, lilas y de nuevo su nombre. Tickets electrónicos entre las páginas del libro de la Historia. Aeroparque ocho treinta, seis de abril A.M. Antes de los pies desnudando azulejos, el frío de la ventana abierta que trae los once pisos de a uno, sus metros y el horizonte como una esponja mordiéndome los ojos. Un beso en la boca riendo mientras el día que llega trae amantes a la memoria, el pelo agitado en el almohadón chino y las raíces de tus labios tejiendo pieles salvajes en mis pies. Los vuelos, el vuelo, vuelo contra la niebla electrónica en el canal de la TV, y yo que abro los sobres de la plata para desparramar el calor en la playa como una frazada, la luz, luces, las luces. Cuando vuelva de mi ciudad nueva, con las flores llenas de manos y un río negro pegado en la espalda, ahí sí, abiertos los dedos de la mano que toma como un libro lleno de polvo, como un regalo de luces, la boca en la madrugada, un rayo, cuando vuelva, sí, cuando vuelva si, cuando vuelva, sí. El cuerpo en el espejo no se siente ni en el olfato de los caballos en la noche. El cuerpo en el campo no se ve ni en la vista de los caballos en la noche. El cuerpo en el espejo, no. Perlas rojas, aguachentas y pegajosas en la punta de los dedos, rodando como caramelos. Una hora para el check in y los aviones, lejos, se aprestan a salir. Los aviones que le pasan por encima tirándose en ruinas contra las luces. El faro en la palma de la mano, en una brasa quemando los tres minutos en que se termina la noche. Mi mafia que queda en la cama, como la humedad, un sueño, el fuselaje de un avión estrellado.

Thursday, January 11, 2007

Vuelta a la ...

"Nous sommes en 50 avant Jésus-Christ. Toute la Gaule est occupée par les Romains... Toute ? Non ! Un village peuplé d'irréductibles Gaulois résiste encore et toujours à l'envahisseur. Et la vie n'est pas facile pour les garnisons de légionnaires romains des camps retranchés de Babaorum, Aquarium, Laudanum et Petitbonum"

Ya no hay ni Jesus ni Cristo, ni traducciones en ibérico que sobrevivan, casi todo está conquistado y no en mis manos, los Galos son también Gauloises, negros, sin filtro y no los que fuma dios, sí Serge, el francés es más claro en mi boca, que un durazno de verano, conozco el sabor del jabalí, no la pócima de la marmita, he dado la vuelta a la Galia, a la ciudad puerto, al arroyo Pacífico y al colchón de la cama, más de dieciseis veces, el invasor está siempre en la puerta, calles, oficinas, espalda, pliegue de la mano y en las palabras. Pero sigue habiendo un grupo de irreductibles, monstruosos, bellos y armados en belleza, coraje, humor y amor. Y hay una Galia. En el 83, 88 y en este 07.