Saturday, November 06, 2010

En el camino - Buenos Aires II




I
Desde la cima de la torre, un hombre sólo
le acaricia el lomo a la gente. Una masa animal,
un mismo grito, la misma historia, piensa,
y por primera vez les cree, y les teme
y por esa noche decide seguirlos desde su altar.

II
Una frazada negra entibia los cuerpos,
un poco los protege, un poco los desnuda.
En la cima el champagne, los hielos,
el balde de plata, el pañuelo blanco y la marcha,
un tin-tan metálico tras la cuerda a la cajita musical.
Ese regalo de un domingo de verano
ese hallazgo de anticuario,
esa pieza mecánica a la que llamó Eva
y terminó en la mesa del living
donde se sentaban las visitas
a tomar el té con scons.

III
El jazmín de las flores, se mezcla con el humo,
una nube incendiada alta en el cielo
llena de ojos, de lágrimas, de repente negra
a veces azul, de barro y de mugre, de trenes,
tibia en el silencio, con el calor de los cantos
que termina casi en fuego en las orillas de la masa.
A la cima no llegan las llamas, y el champagne helado
perfuma las heridas.

IV
Con el pañuelo blanco de seda en la mano
se despide de su amor en la historia,
esa tarde en que le declaró su amor al pueblo,
sentado en la silla de mimbre, en la galería de la estancia.
Antes de apagar la luz, tira aviones de papel por la ventana.
Caen sobre el lomo de sus caricias, con su deseo plegado
silbando entre el humo. Música aérea,
la más maravillosa para sus oídos.

Thursday, November 04, 2010

En el camino - Rosario III




No sabrías, qué hacer con la verdad
paladea cada palabra él, sentado en su sillón de cuero rojo.
Amo de la ciudad, amo del amor, amo de las mareas,
Amo de las especias que circulan en el mercado, amo de las que creen en él.
El rey de Rosario, amo y ama sin tener que moverse, sin sacar la mirada
de la fronda helada que flota sobre el rio, sin querer, como si nada.
Ella, recién salida del colegio, con un uniforme de chiffon negro
y la mirada llena de plumas, no teme, lo mira, casi nada.
Una caja de música en la boca, en los ojos un laberinto
y en el laberinto encerrado un toro. La bestia sangra, se revuelca y amenaza
es el mito del amor, es la infancia desnuda en su mirada.

Monday, November 01, 2010

En el camino - Calafate II




La memoria, ante el vuelo, posada en la pista de donde todo sale
donde todo llega. Desnuda, lista para llenarse de plumas, desnuda,
lista para llenarse de frio. Cuando el tiempo la vista voy a estar lejos
hundido en la resaca del olvido y seré yo el esqueleto de metal,
y sentiré yo el frío, y seré yo al que oxide el aire del mar.
La memoria, ante el vuelo, y en el vuelo el yo,
que cree que vuela porque quiere, que cree que el que vuela soy yo.

Thursday, October 28, 2010

En el camino - Calafate




Las postales te repiten, helada en el paisaje. En algún lugar
un guía lleva en puntas de pie a los que te caminan el cuerpo,
a los que aman crecer en tu espalda. Los llevan
hasta ese lugar de la memoria en que hasta las fotos son inofensivas,
en que las fotos son la memoria. Antes de volver a escribir
le doy vuelta la cara a mis palabras. Les arranco
la brillantina que les pegó el amor. Las acaricio
como a esos peces que deja en la arena el mar.
Creo que esta vez van a decir lo que yo quiero.
Temo que esta vez digan lo que yo quiero. Cada tanto
un trueno recuerda que el hielo cae,
un cartel que a veces también mata. El lago a mis pies
dónde es que termina todo.

Monday, October 25, 2010

En el camino - Dearborn IV




Su cuerpo, ventilado y refrigerado huye. En la estela estoy yo
contra las cuerdas de la memoria, tirando golpes para salvarme la herida.
Si se diera vuelta, y ella sabe cómo hacerlo
si me mirara, y ella recuerda cómo era,
todo terminaría.

The end.

El tren pasaría a ser un tren, la huida su huida, y ella ella.

La foto congela el momento en el momento ese
en que estoy a salvo. Ese instante memorable en que flota el yo
en la pileta olímpica de un amor que no termina más.

Saturday, October 23, 2010

En el camino - Dearborn III





Para mi padre Ford era un dios y para mí
mi padre era un Falcon blanco lleno de barro.
Todo podría haber terminado en ese error,
si la máquina no se hubiera perdido en el tiempo,
si los países hubieran detenido sus conquistas,
si el amor hubiera sido incierto. Lejos, tan lejos como la infancia
y en el patio de atrás de la juguetería de la historia,
Una máquina repite a dios sin cansancio. Plástico
liviano, con las manos en los bolsillos y la mirada de plomo
Henry aún mira al mundo como lo que es. Enfrente estoy yo.
El que no cree, el que no miente, el que al final del viaje
y de la fe, paga dos dólares para devolverlo al mundo,
y llevarlo como ofrenda a los brazos de mi papá.

Monday, October 18, 2010

En el camino - Santiago de Chile




Tres animales mitológicos, tres bestias de barro sin nombre.
Caben entre mis manos, los muevo y se rozan como amantes,
como yo quiero que se rocen, para que hagan ruido y se les raye el negro.
Para que sean algo parecido a un tigre, a un animal blanco y negro.
Los miro, los alzo, los creo y les creo un mundo en su futuro.
Soy un héroe, un soñador, un amante que ama insinuar la vida.
Un amante que ama criar la historia.
Qué importa que la reina me odie, que no me crea, que mire al avión y al espejo,
qué importa que no sepa cómo acariciarme como al cachorro que también soy
qué importa que no vea al nómade en su oasis, en la noche, entre las sábanas.
Ella es la última en el vuelo, yo soy el último en ella
Todo parece terminar en la sala de preembarque. Nadie lo sabe.
Ni nosotros, aunque ahí este el cartel que lo dice en neón.
En el otro lado del vuelo la vida volverá a ser nuestra
los animales encontrarán su lugar entre los libros, entre
todos los otros animales, en la historia, en el mito
en la fauna silvestre creada en otros viajes. En ella al final será
un vago recuerdo, un misterio, una vida más de paso. El héroe
y los animales, se guardarán en el futuro un lugar, unas palabras
el poder de saber ver en el pasado donde el futuro mostró su cara.