Monday, March 03, 2008

incendio

En el Once se incendió un depósito clandestino de cotillón porque no había agua, ni cerveza, ni fiesta. En Nueva York se incendiaron las torres gemelas porque dos aviones se clavaron hasta la medula de su estructura. Las oficinas se prendieron fuego porque están llenas de papeles, cables, memorias, escritorios de madera y plástico, cortinas americanas y basura. Seguramente había agua, embotellada, pero ninguna fiesta.

En Rio de Janeiro, la gente compra hasta los días previos al carnaval, cotillón y fantasías en el barrio de Saara. En un gesto de practicidad carioca, eliminaron la h y la referencia exacta al desierto. En el desierto del Sahara, no hay agua, ni fiesta, ni cerveza, pero tampoco incendios. Un incendio posible, sería hacer atravesar un bloco da rua por el desierto, con toda la gente fantaseada, cantando una marchina.

Una marchina popular dice: “decís que cachaça es agua, cachaça no es agua no, cachaça viene del alambique y el agua del río”… En la calle, la gente bebe cerveza, y en los bares suman la cachaca. No vi gente en los bares tomando agua. Rio esta atravesada por varios ríos, que se pierden entre los morros. En verano, las calles están mojadas, con charcos en que se mezcla los desagües de los barrios y las favelas, sudor, meo, y el agua del hielo que enfría la cerveza.

Viendo un mapa de Rio, gran parte del espacio esta ocupado por zona verdes: morros, selva, piedra. Ni calles, ni hombre, ni marcas. En esas zonas, crecen varias de las cientos de favelas. En Santa Teresa, un barrio de antiguos hacendados, de noche se escuchan las ametralladores disparadas en los barrios que ocupan las partes altas del morro. El carnaval, se vive de día, cuando la luz deja ver las fantasías, la cerveza es agua y se ven las caras que oculta la noche, los morros y el sueño.

En el Once se incendió un depósito clandestino de cotillón porque no había agua, ni cerveza, ni fiesta. El carnaval dura cinco días, Rio siempre está a tres horas de avión, todos los meses son más largos que Febrero. El cotillón está cerca, de la línea B y del 93. Encerrando las fantasías en planes y planos clandestinos, manteniendo siempre seco el papel picado, y guardando la fiesta en unas fotos, ya viejas, la mañana después, el año se transforma en un depósito del Once, mugriento, ordenado, oscuro y siempre a punto de prenderse fuego.

1 comment:

meliAn said...

el once es un quemo, pero cómo me gustaría ser un negro!