Wednesday, July 22, 2009

Novena clase – la niebla y los puertos


I
A las tres de la mañana de la noche, el amigo de un amigo, me dice que una de las sensaciones más lindas de la navegación es llegar por primera vez a un puerto.

Hay veces que uno le cree a un desconocido.

II
A las ocho menos cinco de la mañana de un sábado tormentoso y a la vera de una estación de tren no se puede saber nada sobre el futuro en el agua.

III
El capitán preferiría ir a Quilmes otro día, el viento sopla en contra; Javier cree íntimamente que es un día para seguir aprendiendo a virar en una de las boyas que están frente a Olivos o San Isidro, se acostó a las seis de la mañana; el profesor debe estar antes de que llegue la noche de vuelta en el puerto, una celebración lo espera; Guido sabe que el puerto de llegada está muy lejos y entre la bruma, yo necesito horas de la tarde frente a mi computadora, tengo que escribir unos billetes en Word.

Nadie escribe solo el nombre del viaje en la carta de navegación.

IV
Las boyas cardinales solo te indican por dónde dejarlas.

V
En el puerto de Quilmes, un grupo de hombres hace correr carreras a sus pequeños veleros dirigidos a control remoto.

Las maniobras, las dificultades, el ansia y las reglas del viento son las mismas que para los grandes barcos.

Es extraño ver en miniatura la representación exacta de la realidad. Es extraño ver el dominio a control remoto.

VI
Para conseguir nafta hay que ir hasta la ciudad, pero está prohibido subir a un colectivo ni a un taxi con un bidón lleno.

“Para trasladar nafta, uno debería caminar”, dice el hombre de la secretaría del puerto de Quilmes.

VII
La bruma hace desaparecer la costa, los barcos, las boyas y el horizonte.

cuando no queda nada, todo se ve más lindo.

VIII
Las valizas que señalan peligro se iluminan de una manera distinta que las boyas que marcan el canal.

Todas esas luces sirven para saber por donde ir.

IX
Entra la niebla, la noche y la lluvia hay que pasar muy cerca para ver las señales de peligro. Solo buscando esas señales se puede navegar tranquilo.

3 comments:

Male said...

Velero con niebla mata diván.

Esteban Hecker said...

sos un grosso chabon!
ya seguiremos navegando.
sludos

Javier Delfino (javoc) said...

Y la vista desde el barco en la bruma me hace ver cada vez mas cerca el momento de cruzar a vela el mar en medio d ela noche. Al despertarse de la siesta los dormidores se encuentran con un paisaje extraño, sacado d eun viejo libro de navegación, no hay nada mas que niebla hacia todos lados. Matilde nos lleva con tranco seguro hacia el puerto como los caballos que vuelven solos a su establo, una noble bestia sitando a esteban. Una noble bestia que nos lleva lento y seguro de vuelta a la seguridad y la monotonìa de la tierra. Grandes momentos en la noche de un sábado que se tranformó en un viaje que me recuerda a msi sueños d ela infancia. Salud! y Ron para otros viajes.